La lengua y el olfato guardan el registro perenne de los diversos sabores provocados por los confites (frutas o semillas preparadas para ser cubiertas con un baño de azúcar), cuyo aspecto llama, adicionalmente, a nuestra vista por su colorido y las texturas que adelantan el posible gozo.
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La plasticidad de la confitería mexiquense está plenamente expresada en su técnica para darle forma, variedad y colorido"; no hay duda, esas características anticipan el disfrute de los sentidos y la recepción de energía producto de la combinación de frutas y azúcar, cuya hechura tiene antecedentes centenario.Si bien se conservó poco de la confitería precolombina, prevalecen en esta rama técnicas, materiales, formas y sabores cuyo origen sería europeo, español, mudéjar incluso, pero trasplantado y transformado al gusto mexicano. |
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Véase el amplio surtido de dulces que enumeran Gama y Gómez: "jamoncillos, chongos, roles de tamarindo, barquillos de cajeta, limones, macarrones, mostachones, marinas, frutas cristalizadas, higos, camote, calabazate, biznaga, manzanas cubiertas de caramelo, muéganos, merengue, gañotes y garapiñados".
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Parecería que, como reflejo automático, cada quien enlista su preferencia en materia de estos sabores confitados: Fernando Benítez, en su Viaje al centro de México, hacía esta relación de delicias toluqueñas: "higos, piñas, sandías, naranjas, limones y camotes cubiertos o cristalizados, mazapanes, frutas de almendra, cueros de membrillo". |
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No sólo en la capital mexiquense se ha desarrollado la tradición confitera también es notable la localizada en Amecameca, Ixtapan de la Sal , Ocoyoacac, Villa Guerrero, así como la de Tenancingo, Malinalco y Zacualpan.
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Desde finales de octubre y durante buena parte de noviembre, aunque en sentido estricto la conmemoración de los Fieles Difuntos abarque sólo los días 1 y 2 de este mes; cada año los portales toluqueños se llenan con los paseantes que acuden a la Feria del Alfeñique, sede de esta peculiar tradición alusiva al día de Muertos. |
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Los puestos se ven pletóricos con las diversas figuras modeladas con el alfeñique mezcla compuesta de azúcar glass batida en huevo a la que se añade chautle (un tubérculo), Borregos y otros animales, ataúdes, pero sobre todo, calaveras pequeñas, medianas o de tamaño natural, en cuya frente suelen colocarse nombres de personas, en dulce insinuación de la inevitabilidad de la muerte, pueden verse en esta tradicional feria. |
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