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Una de las ramas artesanales de gran importancia es la de los textiles, la artesanía textil constituye un ejemplo de fusión y de continuidad cultural, pues siguen coexistiendo telares de origen prehispánico y otros que datan de la época de la colonia, además de que en las grandes industrias textileras utilizan, en gran parte, máquinas cuyos principios son basados en los antiguos telares de pedal y cintura. Los insumos en el ramo textil tienen cuatro orígenes: el vegetal, el animal, la seda y la lana, el mineral, como el oro y la plata; y el sintético; con numerosos productos. |
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El Estado de México destaca debido a las piezas creadas por las manos de los artesanos de: Jiquipilco, Tejupilco, Temascaltepec, Temoaya, Valle de Bravo, Zacazonapan, Toluca y Tenancingo. En los talleres de estas localidades se elaboran servilletas, manteles, sábanas, fundas, tortilleros, paneras, cortinas, blusas, mandiles, juegos de cocina y de baño, así como rebozos y tapetes, entre los productos más representativos de los textiles artesanales. |
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El rebozo es una síntesis de tres influencias históricas: el mámatl prehispánico la mantilla proveniente de España y el repacejo o anudado oriental. El rebozo ha sido la prenda característica en la presentación de la mujer mexicana y cuya fabricación, desde la época virreinal, ha dado celebridad a los artesanos de Jilotepec, Tejupilco, Calimaya y por supuesto Tenancingo. La elaboración de un rebozo está dividida en diferentes fases, con la intervención de artesanos de gran talento en cada una de ellas: el urdidero, el amarrador, el tintero y las emputadoras, entre otros que realizan funciones específicas hasta cubrir 14 etapas. La materia prima del rebozo suele ser el algodón, la seda o la artisela y su dibujo jaspeado se consigue aplicando el kyat, técnica de teñido que se lleva al cabo en los hilos de la urdimbre antes de tejerse. Una particularidad del kyat es que los colores se penetran uno en el otro, lo que produce los típicos perfiles borrosos de las prendas. |
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Mención específica merece el rebozo de aroma del sureño municipio de Tenancingo, el cual se fabrica en algodón, aunque puede llevar otros hilos como la artisela, y se conforma por dos partes: el lienzo o tela y las puntas o rapacejo. Estos rebozos llevan evocativos nombres como: arco de granada, flor de haba, labor doble, llovizna, palacios, venados, ratoncitos o coyotes, aunque ninguno de estos animales aparecerá dibujado en los lienzos. |
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La habilidad de los otomíes es seguramente milenaria, pero específicamente la industria de los tapetes anudados a mano es reciente. Apareció en 1969 a instancias de Ernesto Fernández Hurtado, Director General del Banco de México, quien impulsó la creación de un centro piloto para el estudio y la producción experimental del tapete anudado y la adaptación de los diseños tradicionales que provenían, entre otros, de los propios otomíes de Temoaya. |
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Décadas después, los tapetes de Temoaya son un rasgo distintivo de la artesanía mexiquense ante el mundo. Para su elaboración se aplica la técnica persa con una densidad aproximada de 140 mil nudos que forman cada metro cuadrado, y se utiliza lana 100% virgen; la trama y urdimbre (base de tapete) es por entero de algodón. Se dispone de una veintena de diferentes diseños, con más de 250 variantes en colores y medidas. |
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Para tener una idea del esfuerzo que exige la confección de cada tapete, podemos comentar que en la elaboración de una pieza de 60 x 90 centímetros al artesano tarda de 15 a 20 días y en un tapete de 90 x 1.20 metros puede llegar a trabajar durante un mes o mes y medio, por lo cual se puede concluir que la elaboración de los tapetes de Temoaya requiere una gran dedicación, esfuerzo y creatividad por parte de los artesanos que lo elaboran. |
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